Durante la última década, vivir de las redes sociales se consolidó como el sueño laboral de miles de jóvenes en América Latina y otras latitudes.
Ser influencer significaba libertad, ingresos en dólares y reconocimiento público sin pasar por una oficina tradicional.
Sin embargo, en 2025 y 2026 una tendencia silenciosa pero creciente está cambiando el relato: cada vez más creadores de contenido están regresando a empleos formales o combinando su presencia digital con trabajos estables.
Este fenómeno no representa el fin del marketing de influencers, sino una señal de madurez del ecosistema digital. La promesa de vivir únicamente de views, likes y algoritmos se está replanteando frente a una realidad marcada por la volatilidad económica, el desgaste emocional y la necesidad de estabilidad a largo plazo.
La economía del influencer crece pero también se afecta por la volatilidad
El marketing de influencers sigue en expansión. De acuerdo con proyecciones de iLifeBelt, este mercado alcanzará los 31.000 millones de dólares en América Latina para 2027. Las marcas continúan apostando por creadores, especialmente nano y micro influencers, que concentran la mayor parte del ecosistema en plataformas como Instagram y TikTok.
En países como Colombia, estos perfiles suelen recibir entre 50 y 500 dólares por publicación. El problema no es el monto individual, sino la irregularidad. Las oportunidades no llegan todos los meses, las campañas dependen de presupuestos ajustados de las empresas y los pagos suelen ser esporádicos. Esta dinámica dificulta la planificación financiera y convierte el ingreso digital en una montaña rusa.
A esto se suma la dependencia absoluta de los algoritmos. Un cambio en las reglas de visibilidad puede reducir drásticamente el alcance de un creador de un mes a otro, afectando directamente sus ingresos. Incluso perfiles con comunidades amplias enfrentan periodos de facturación mínima o nula, lo que erosiona la idea de sostenibilidad.
Algoritmos, burnout y expectativas rotas en la carrera digital
Muchas personas llegaron al mundo influencer como respuesta a un burnout laboral. Las redes ofrecían autonomía, creatividad y la posibilidad de escapar de rutinas rígidas. No obstante, el tiempo ha demostrado que la creación de contenido constante, la presión por mantenerse relevante y la competencia feroz generan un nuevo tipo de agotamiento.
La ilusión inicial suele chocar con una realidad exigente: producir sin pausa, adaptarse a tendencias cambiantes y sostener la atención de audiencias saturadas. Sin equipos de apoyo ni estructuras claras, el desgaste creativo se acumula. La brecha entre la aspiración de “vivir de internet” y la sostenibilidad real se vuelve evidente.
Según explica Alexia De la Morena, directora del Máster en Marketing y Gestión Comercial de EAE Business School, “hay una gran ilusión alrededor de vivir de las redes, pero depender 100% de views y algoritmos crea una inseguridad financiera que no es sostenible para la mayoría”. La visibilidad, añade, solo se convierte en valor real cuando se traduce en ingresos diversificados y estructurados.
Empleo formal y modelos híbridos: nueva estrategia de los creadores
Brasil es uno de los países donde más se ha evidenciado este regreso al empleo formal. Cada vez más influencers optan por trabajos con salario fijo, seguridad social y beneficios laborales, sin abandonar del todo su presencia digital. Para muchos, la oficina dejó de ser un símbolo de fracaso y pasó a representar tranquilidad.
El retorno al trabajo tradicional también tiene un componente humano. La posibilidad de acceder a salud, vacaciones pagadas y estabilidad emocional pesa tanto como el ingreso mensual. En este contexto, las redes se transforman en un complemento estratégico y no en la única fuente de sustento.
La tendencia apunta hacia modelos híbridos:, es decir, creadores que combinan empleo formal con consultorías, cursos, productos propios o colaboraciones estables con marcas. “Vivir solo de internet puede ser muy incierto si no se consolida una base de múltiples ingresos”, señala De la Morena. Para ella, este giro refleja una madurez del ecosistema digital, donde el éxito se mide por la resiliencia financiera y no solo por el alcance.
¿Crees que ser influencer sigue siendo el trabajo soñado o estamos ante un cambio de paradigma laboral? Comparte este artículo, abre la conversación y repiensa el futuro del trabajo digital.
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