ENTRETENIMIENTO. Colombia recibió 4.875.830 visitantes no residentes entre enero y septiembre de 2025, una cifra que confirma el interés creciente por conocer sus paisajes y experiencias turísticas.
En Jericó, Antioquia, un vuelo comercial en parapente puede durar entre 20 y 25 minutos, tiempo suficiente para pasar del temor inicial a una sensación de libertad difícil de explicar desde tierra.
Volar sobre las montañas del Suroeste antioqueño permite observar el valle del río Cauca, las cordilleras, cultivos, caminos rurales y parte de la fauna de la región desde una perspectiva reservada para las aves. Pero la experiencia no comienza en el aire. Empieza minutos antes, cuando el pasajero observa la pendiente, escucha las instrucciones del piloto y se pregunta si realmente será capaz de despegar.
Juan Carlos Ríos Pulgarín, piloto e instructor internacional de parapente con más de 20 años de experiencia, asegura que Jericó reúne condiciones privilegiadas para disfrutar vuelos contemplativos sobre el valle y el río Cauca. Desde su empresa Nube Extrema, el experto promueve esta actividad como una experiencia de aventura y conexión con el paisaje, pero también como un deporte de riesgo controlado que exige pilotos capacitados, equipos adecuados, paracaídas de emergencia y una evaluación rigurosa del clima antes de cada despegue.
Según Ríos, el parapente puede ser practicado por personas de distintas edades y, además de ofrecer unas vistas excepcionales, ayuda a muchos pasajeros a enfrentar sus temores y fortalecer la confianza en sí mismos. Él asegura que la mayoría de las personas siente miedo antes de su primer vuelo. Sin embargo, una breve carrera, el alistamiento técnico del equipo de vuelo, el inflado seguro del parapente y la pérdida gradual del contacto con el suelo transforman esa tensión en grato asombro y en experiencia liberadora.
Cómo es volar en parapente por primera vez

Del despegue al vuelo, la experiencia combina técnica, paisaje y emoción
El vuelo en parapente biplaza se realiza con un piloto que controla el equipo, interpreta las condiciones meteorológicas y dirige las maniobras. El pasajero lleva arnés, casco y otros elementos de seguridad, pero no necesita conocimientos técnicos previos.
Antes del despegue se ofrece una inducción sobre la postura, la carrera inicial y el comportamiento durante el vuelo. En el caso de quienes tienen mayor temor, puede utilizarse un simulador para familiarizarlos con el arnés y reducir la incertidumbre.
Después viene el momento decisivo. El pasajero corre algunos pasos acompañado por el piloto y, casi sin advertirlo, deja de pisar la pista de despegue. El ruido disminuye, el paisaje se abre y la sensación de altura deja de ser la principal preocupación.
Ríos explica que muchos viajeros descubren entonces que el vuelo es más sereno de lo imaginado. Algunos conversan, otros guardan silencio y varios contemplan paisaje andino mientras intentan comprender que realmente están suspendidos en el aire.
Por qué el parapente ayuda a enfrentar el miedo
Para el instructor, el parapente puede convertirse en una experiencia de transformación personal. La persona no elimina necesariamente el miedo, pero comprueba que puede actuar pese a sentirlo. Ese logro suele producir un cambio de perspectiva. “Si hice esto, soy capaz de hacer muchas cosas, piensan algunos pasajeros después de despegar. La experiencia fortalece la confianza y puede ayudar a mirar desde otro ángulo problemas personales o decisiones aplazadas”, afirma Juan Carlos
El vuelo también funciona como una desconexión momentánea. Durante varios minutos desaparecen el teléfono, las obligaciones y el ruido cotidiano. Quedan el viento, la montaña y una panorámica que incluye el valle, el río y, en algunas ocasiones, monos aulladores, águilas o gallinazos rey.
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Al aterrizar, la expresión suele ser muy distinta a la del despegue. Algunos pasajeros abrazan al piloto, agradecen o muestran lo que Ríos Pulgarín describe como una “cara que mezcla sorpresa, alivio y felicidad”.
Qué condiciones de seguridad debe tener un vuelo en parapente
El parapente es una actividad de riesgo controlado, no una experiencia exenta de peligro. Por eso resulta fundamental contratar operadores responsables, verificar la experiencia del piloto y prestar atención a las condiciones meteorológicas.
El equipo debe incluir arnés, casco, radio de comunicación y paracaídas de emergencia. Los pilotos también pueden utilizar GPS, variómetro, aplicaciones móviles y datos de estaciones meteorológicas para analizar el viento, la humedad y las posibilidades de llegar de manera segura al lugar previsto.
El clima determina si un vuelo puede realizarse, cuánto durará y qué recorrido seguirá. La lluvia, las turbulencias o los vientos fuertes pueden obligar a aplazar la salida o aterrizar antes de lo programado. La decisión de no despegar también es una medida de seguridad.
Para el caso de Jericó, el recorrido conocido como “Montaña, valle y río” termina en el sector de Puente Iglesias. Allí, cuando los pies vuelven a tocar tierra, muchos comprenden que no acaban de terminar un paseo más. Acaban de demostrar que podían avanzar incluso mientras sentían miedo.
Más allá de la adrenalina y la belleza del paisaje, volar en parapente representa una oportunidad para contemplar el territorio desde otra perspectiva y poner a prueba la confianza personal. Esta experiencia combina turismo de aventura, naturaleza y preparación técnica, recordando que la libertad del vuelo también depende de decisiones responsables antes de despegar.
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Fotos de apoyo tomadas por Despejando Dudas

