Pensar distinto no debería convertir a familiares y amigos en enemistades

La polarización política también fractura la convivencia cotidiana

Comunicación

ANÁLISIS. La polarización política en Colombia ya no se queda en las urnas, los discursos o las redes sociales. Está entrando en las conversaciones familiares, los grupos de WhatsApp y las relaciones de amistad.

El problema ocurre además en un ecosistema informativo deteriorado. En 2025, la confianza de los colombianos en las noticias cayó al 32 %, su nivel más bajo desde que el país participa en el Digital News Report, mientras 59 % manifestó preocupación por las falsedades que circulan en internet.

El fenómeno cobra especial importancia en 2026 después del ciclo electoral y la transición de poder que ya se dio en Colombia, Perú, Costa Rica y próximamente en Haití y Brasil.

El Instituto para la Democracia y la Asistencia Electora IDEA Internacional, advirtió en mayo de este año que Colombia enfrenta un entorno marcado por la digitalización, la polarización política, la fragmentación mediática y la circulación de contenidos engañosos. Las cámaras de eco y la alta emocionalidad ayudan a amplificar esas narrativas.

Pero hay una consecuencia menos visible. Una discusión que comienza por un candidato, un partido o una decisión de gobierno puede terminar deteriorando vínculos construidos durante décadas.

Ese fue uno de los asuntos analizados en La Duda Central, el video pódcast de Despejando Dudas, episodio "Polarización política en Colombia: ¿por qué divide familias y amigos?" con Miguel Jaramillo Luján, CEO de Lujan Marketing y Comunicación Estratégica y consultor que señala cómo determinadas estrategias políticas convierten al contradictor en enemigo y trasladan la confrontación hacia la vida cotidiana.

Miguel Jaramillo Luján (derecha) analiza con Jaime Vélez cómo la polarización trasciende la política y afecta la convivencia

Polarización política en Colombia cuando el otro deja de ser interlocutor

Una de las claves está en la forma como se mira a quien piensa diferente y Jaramillo Luján señala que el origen de esta polarización está relacionado con una simbiosis entre ciertas lógicas de la doctrina militar y la política, que termina llevando a percibir al otro como alguien inexistente o irracional. A su juicio, cuando se desconoce al contradictor de esa manera, también se anula la posibilidad del debate y del reconocimiento de la otredad.

El experto también advierte que la consecuencia es profunda y que cuando el adversario deja de ser una persona con otra visión del país y pasa a convertirse en una amenaza, discutir deja de consistir en contrastar argumentos.

El miedo contribuye a ese proceso

"El miedo es una de las siete emociones fundamentales. Yo genero el miedo porque el otro gobierne, porque el otro llegue, porque el otro va a devastar la condición humana y ni siquiera tiene la condición humana para yo escucharlo", comenta el directivo y subraya que esa emocionalidad encuentra terreno fértil en las plataformas digitales. En Colombia, al igual que en casi toda Latinoamérica, Facebook, WhatsApp, YouTube, Instagram y TikTok ocupan posiciones relevantes en el consumo y circulación de noticias, mientras políticos y creadores de contenido son percibidos como importantes fuentes de riesgo para la información veraz.

El prosumidor político lleva la confrontación hasta la mesa familiar

En ese sentido, Jaramillo Luján introdujo aquí el concepto de prosumidor político, al indicar que ya no se trata de un ciudadano que simplemente recibe mensajes, pues consume contenidos políticos, los interpreta y también los reproduce en redes, chats y conversaciones personales.

"Yo no creo ni en perceptores ni en receptores, creo en prosumidores que hacen que el ciudadano prosumidor empiece a generar relatos de agresividad en su entorno social, no solamente en redes sociales sino también en entorno de la familia, trabajo y demás bajo ese mismo relato: 'no escucho, no hablo porque siempre me estás agrediendo y te tergiverso'", comenta.

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Ahí aparece uno de los riesgos centrales. Las formas de agresión utilizadas en la disputa pública pueden terminar imitándose en espacios privados. El familiar, compañero o amigo deja entonces de ser alguien cercano que piensa distinto para convertirse en representante del bando contrario.

Hablar de política sin destruir relaciones familiares y de amistad

La salida no consiste en dejar de hablar de política. Una democracia necesita conversación, contradicción y diversidad. El desafío está en discutir ideas sin deshumanizar a quien las expresa.

"Lo que tenemos que aprender como ciudadanos es que podemos ganar o perder y que eso no nos hace más o menos persona y que tenemos que reconocer la otredad. El otro no va a pensar distinto así pierda y tengo que respetar ese pensamiento", afirma el consultor.

El llamado resulta especialmente pertinente cuando las campañas terminan, pero las heridas personales permanecen.

"En política no hay muertes definitivas y una persona que hoy se puede quemar políticamente mañana resurge para otro cargo, pero a usted sí le queda la herida con su sobrino, con su tía, con su madre. El llamado es a serenar mucho el discurso, a bajarle a la adjetivación, a no ceder al miedo".

Tal vez ahí esté la reflexión más sencilla y necesaria. Ninguna elección debería valer una familia, una amistad o años de afecto. Colombia necesita debatir sus diferencias. Lo que no necesita es convertir cada diferencia en una enemistad.

¿Vale la pena perder una amistad o deteriorar relaciones familiares por una diferencia política? Comparta ➡️ este artículo y ayude a promover conversaciones con más respeto y menos confrontación.

#PolarizaciónPolítica #HablemosSinRompernos

   

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Este artículo se hizo consultando el experto Miguel Jaramillo Luján y a SWI swissinfo.ch e International IDEA